Están por todas partes, huid si no queréis morir
Aquella frase sonaba en la cabeza de Felix como si de un sueño se tratase... Tambien había alguien que gritaba... O ladraba. Sus párpados no le respondían del cansancio.
(...)
Sí, algo estaba ladrando y le acompañaban unas voces que pedían auxilio, invitando a los que lo oyeran a correr o refugiarse.
(...)
Algo húmedo se arrastraba por la cara del chico. El movimiento era constante y repetitivo... De hecho, empezaba a ser molesto. Al fin abrió los ojos. El cachorro le estaba lamiendo la cara para intentar despertarlo.
Felix miró hacia su alrededor. Era de noche, aunque para él parecía que habían pasado varias horas. Las luces del puente todavía funcionaban... al menos la mitad de ellas.
Entonces el perrito se dirigió ladrando hacia el río, donde el muchacho pudo ver un cuerpo flotando haciendo frente a la corriente. Debía estar atascado en las rocas del fondo.
Se acercó como pudo y comprobó que era una chica.
-¡Una chica! -Felix no solía tratar con la gente... y menos con chicas, pero también sabía que aquella situación era distinta: para empezar, no era un zombie, así que podía ser una de las pocas supervivientes. Además, el cachorro la había llevado hacia ella, por lo que podría ser su dueña. Y además...
-¡Deja de pensar, Felix, que se va a ahogar! -se dijo a sí mismo. Era hora de actuar, por muy pocas fuerzas que le quedaran.
-¡Eh, chica! ¡Chica! ¿Estás consciente? ¿Puedes oírme?
Hasta él sabía que sonaba estúpido, pero lo primero era comprobar si podía contar con la ayuda de la chica o sacarla de allí el solo.